Óscar Juárez llegó al fútbol colombiano con hambre de gol y se quedó en la historia de Millonarios para siempre. Un ídolo del fútbol colombiano de los 80, protagonista del segundo dorado, campeón en el 87 y el 88, centro delantero que estudió el juego cuando otros simplemente lo jugaban.
En esta conversación, el Pájaro vuela de nuevo. Habla con una espontaneidad que el fútbol moderno ya casi no produce. Recuerda los camerinos de Millonarios, del Medellín, del Cali. Los títulos, las rivalidades, los clásicos que dolían de verdad. El penal no cobrado ante Nacional en la Libertadores del 89, una llave en la que, como él mismo dice, quien ganara salía campeón.
El fútbol de aquella época, donde no había jugador malo porque todos llegaban formados, hambrientos y conscientes de lo que el juego en Colombia exigía. Habla de la camiseta número 9 de Millonarios con el orgullo de quien sabe el peso que tiene: la misma que usaron Falcao y Funes. Asegura que Millonarios es la mejor marca del país y lo dice sin grandilocuencia, porque para él es simplemente una verdad que no necesita adornos.
Toca el tema, por supuesto, del narcotráfico y la seguridad en Colombia porque, dice, estaba en todo. En la sociedad, en el fútbol, en los estadios, en los camerinos. Y cuando habla de Gacha, lo hace desde sus experiencias personales, desde su propia mirada: "Gacha fue un excelente ser humano conmigo. Es lo que me tocó a mí, mi visión, mi perspectiva."
Una época. Un ídolo. Una historia que el fútbol colombiano carga con todo lo que tuvo de glorioso y de oscuro al mismo tiempo.